Instrucción
General del Misal Romano
, Primer Domingo de
Adviento, 2003
Comenzando con el Primer Domingo de Adviento,
2003, cada Domingo daré una explicación
de los distintos aspectos de la “Instrucción General del Misal Romano,”
con unos pequeños cambios en la liturgia que han sido aprobados por el Papa
Juan Pablo II. Estos cambios deben ser
puestos en práctica en nuestra Diócesis el Primer Domingo de Cuaresma del 2004.
No hay muchos cambios del modo como hemos estado celebrando la Eucaristía
Dominical en nuestra Diócesis durante todos estos años. Cada domingo usted
encontrará una página junto con el boletín explicando un aspecto distinto de la
Instrucción General. El sacerdote irá dando cualquier explicación que sea
necesaria. Estas explicaciones serán una gran ayuda de modo especial para todos
aquellos que desempeñan un papel importante celebración litúrgica o en su
planificación. Yo simplemente intento resaltar los aspectos más importantes de
esta Instrucción. Nuestros sacerdotes deben estudiar la Instrucción General en
detalle.
¿Qué es la Instrucción
General del Misal Romano?
Las reformas litúrgicas del Concilio Vaticano
Segundo nos condujeron a celebrar la Misa en nuestro lenguaje nativo y a
cambios en la celebración de la Misa en orden a ayudarnos a crecer en santidad
guiándonos a una participación más activa, consciente y fructífera en la
Eucaristía. La “Instrucción General del Misal Romano” es una guía para implementar
los últimos cambios en la Liturgia, con la traducción en Inglés confirmada por
la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Esta
tercera edición en Latín de la Instrucción General fue aprobada por el Papa
Juan Pablo II el Jueves Santo del 2002. La Instrucción General fija normas e
instrucciones para aspectos como la postura, las acciones físicas del sacerdote
y del diácono, arreglos de los muebles y objetos litúrgicos, y otros asuntos
relacionados con la celebración de la Eucaristía. Como he mencionado, habrá
algunos cambios de lo que hasta ahora estamos acostumbrados.
Capítulo I: La Importancia y
Dignidad de La Celebración Eucarística
La celebración de la Misa, como la acción de
Cristo y del Pueblo de Dios, es el centro de nuestras vida Cristiana. En la
Misa “se encuentra el punto más alto tanto de la acción por la que Dios
santifica al mundo en Cristo y del culto que la raza humana ofrece al Padre,
dándole adoración a través de Cristo, el Hijo de Dios, en el Espíritu Santo. En
ella además, a través del transcurso del año, los misterios de la redención son
recordados y, hasta en cierto modo, se
hacen presentes.” El primer capítulo habla del Obispo diocesano como el
principal administrador de los misterios de Dios y de su papel como moderador,
promotor, y guardián de la vida litúrgica de su diócesis. También recuerda a los sacerdotes que, como siervos de
la sagrada Liturgia, no deben permitirse por su propia iniciativa añadir,
remover, o cambiar cualquier cosa en la celebración de la Misa.
El próximo domingo, 2nd
Domingo de Adviento: postura del pueblo durante la Misa – cuando sentarse,
arrodillarse, ponerse de pié.
Instrucción General del Misal Romano, Segundo Domingo de Adviento, 2003
Instrucción
#2 al Pueblo de Dios del Obispo John T. Steinbock, Diócesis de Fresno.
Postura del Pueblo de Dios durante la Misa Capítulo II, párrafos 42 y 43.
#42. “Las expresiones y posturas
corporales tanto del sacerdote, del diácono y de los ministros, así como los de
la asamblea misma, deben contribuir a que toda la celebración se caracterice
por la belleza y simplicidad noble, se perciba el verdadero significado y pleno
de sus diferentes partes y se fomente la participación de todos. Una postura
común que debe ser observada por todos los participantes, es el signo de unidad
de los miembros de la comunidad cristiana reunidos para la Sagrada Liturgia:
ambos expresan y fomentan la intención y la actitud espiritual de los
participantes.”
La postura como está indicada en la Instrucción General sólo afectará a algunas de nuestras parroquias, ya que muchas de las parroquias están ya de acuerdo con las normas. En algunas parroquias he observado que la gente está de pie después de la Consagración y después de “Cordero de Dios.” Después de “Santo, santo, santo” todos deben arrodillarse hasta después del Gran Amén, con excepción de los que tengan problemas de salud, falta de espacio u otra buena razón. Después de “Codero de Dios” los fieles deben arrodillarse hasta cuando se acercan a recibir la Comunión. Después de la Comunión, como lo hacemos normalmente, las personas pueden sentarse o arrodillarse como lo crean conveniente (#43)
Desde el comienzo de la Misa hasta
la Primera Lectura De
pié
Desde la Primera Lectura hasta la
aclamación del Evangelio.. Sentados
Aclamación del Evangelio hasta el
final del Evangelio De
pie
Durante la
homilía............................................................................ Sentados
Desde la Profesión de la Fe hasta la
Oración de los Fieles De
pié
Desde la Preparación de las Ofrendas
hasta “Oren Hermanos” Sentados
Desde el comienzo de la respuesta
del pueblo: “El Señor esté con
ustedes” hasta el comienzo de santo,
santo, santo De
pie
Desde
el final de Santo, Santo, Santo hasta el Gran Amen De rodillas
Desde
el comienzo del Padre Nuestro hasta el Cordero de Dios De pié
Desde
el Cordero de Dios hasta la distribución de la Comunión De rodillas
Después
de la distribución de la Comunión De
rodillas
o sentados
Desde
el comienzo de la Oración después de la Comunión y hasta
el
Final de la Misa De pié
El próximo domingo, Tercer Domingo de
Adviento: Postura apropiada y veneración para la recepción
de la Sagrada Comunión.
Instrucción
General del Misal Romano, Tercer Domingo de Adviento, 2003
Instrucción
#3 al Pueblo de Dios del Obispo John T. Steinbock, Diócesis de Fresno.
Capítulo
II, párrafo 42; Capítulo IV, párrafo 160 & 161
La norma para la recepción de la Sagrada
Comunión es estar de pie
#160: “No está permitido que los fieles tomen por
sí mismos el pan consagrado o el cáliz sagrado, menos todavía pasarlo entre
ellos de mano en mano. La norma para la
recepción de la Sagrada Comunión en las diócesis de los Estados Unidos de
América es que los fieles comulguen de pie. No se debe negar la Sagrada
Comunión a los comulgantes que se arrodillan para recibirla. Sin embargo, estas situaciones deben
considerarse pastoralmente ofreciendo a los fieles una catequesis apropiada en
cuanto a las razones para esta norma.
La uniformidad para todos los que reciben la Comunión de pie es un “signo de unidad de los miembros de la comunidad cristiana para la Sagrada Liturgia,” y “ambos expresan y fomentan la actitud espiritual de los participantes” (42). La falta de uniformidad es un signo de desunión o más aún da sentido de individualismo. El arrodillarse para recibir la Sagrada Comunión, además de interrumpir el flujo de las personas que van a recibir la comunión, atrae la atención de uno mismo en lugar de enfocar nuestra atención en nuestro Señor Jesucristo presente en la Eucaristía. Estar de pie en nuestra tradición cristiana es un signo no solamente de unión con nuestro Señor Resucitado, sino también una señal de ser enviado por Cristo en la Eucaristía para servirle a Él a través de nuestro servicio a los que nos rodean.
#160: Al acercarse a recibir la Sagrada Comunión,
la persona inclina la cabeza ante el Sacramento como un gesto de reverencia y
recibe el Cuerpo del Señor del sacerdote o ministro. La hostia consagrada puede ser recibida en la lengua o en la
mano, a discreción de cada comulgante.
Cuando la Sagrada Comunión es recibida bajo las dos especies, se hace
también un gesto de reverencia antes de recibir la Preciosa Sangre.”
La inclinación de cabeza antes de recibir la
comunión debe hacerse mientras que la persona delante del comulgante está
recibiendo la Eucaristía. Si la persona
recibe la comunión en la mano, debe esperar que el sacerdote o ministro la deposite. La persona debe extender sus manos hacia
delante enfrente de su cuerpo y hacia arriba, la mano izquierda encima de la
mano derecha para que el sacerdote pueda poner la hostia en la mano. La persona debe hacerse a un lado, tomar la
hostia con los dedos de la mano derecha, consumir la hostia y después ir a
recibir la Sangre de Cristo o regresar a su lugar. Después que el sacerdote dice “El Cuerpo de Cristo,” el
comulgante responde, Amén, recibe la hostia y la consume íntegra e
inmediatamente después de hacerse a un lado. (161)
Instrucción
General del Misal Romano, Cuarto Domingo de Adviento, 2003
Instrucción
#4 al Pueblo de Dios del Obispo John T. Steinbock, Diócesis de Fresno.
Importancia del Canto Capítulo II, párrafo 39-41
#40:
“Por lo
tanto, debe darse gran importancia al uso del canto en la celebración de la
Misa, teniendo siempre en consideración la cultura de la gente y las
habilidades de cada asamblea litúrgica.
A pesar de que no siempre es necesario cantar, (por ejemplo: en las
Misas entre semana) los textos indicados para ser cantados, debe tenerse mucho
cuidado por parte de los ministros y la asamblea de que el canto no esté
ausente de las celebraciones dominicales y las fiestas de precepto.”
#41: “El canto gregoriano, sin
disminuir en nada la igual dignidad de otros, mantiene el lugar propio de la
Liturgia romana...Siendo cada día más frecuente el encuentro de fieles de
diversas nacionalidades, conviene que éstos fieles sepan cantar en latín
algunas de las partes del Ordinario de la Misa...”
En primer lugar me gustaría reconocer, animar
y apoyar a todos los que están involucrados en el ministerio de la música en
nuestras celebraciones litúrgicas. Su
ministerio es una parte esencial de la celebración de la Eucaristía. Doy gracias a Dios por todos y cada uno de
ustedes.
También doy gracias a los sacerdotes que
apoyan un buen ministerio de música en sus parroquias. Estamos bendecidos con muchos y buenos coros
en nuestra diócesis. De igual forma,
quiero animar a los sacerdotes, incluyendo las parroquias pequeñas, con poco
personal y limitados recursos económicos, a que hagan énfasis en la importancia
del ministerio de la música en la
liturgia. Esta debe ser una prioridad
para los sacerdotes: proveer de una liturgia que exprese la alegría y el
espíritu de oración del Pueblo de Dios a través del canto.
Yo animo a todos los ministros de la música a
que aprendan más acerca de la música litúrgica si aún no han tenido la oportunidad
de hacerlo. Existen becas disponibles a
las parroquias, para que éstos ministros puedan asistir a talleres, aprender a
tocar el órgano u otro instrumento musical usado en la celebración de la
Liturgia. Ustedes pueden solicitar
estas becas a través de sus sacerdotes.
Asimismo, les sugiero que haya un balance
entre las canciones cantadas por el coro y los himnos en los cuales los fieles
participan. De igual manera, los coros
de las parroquias deben aprender a cantar canciones en latín y enseñar a los
files el Padre Nuestro, el Santo y el Cordero de Dios
(Misa de los Ángeles), para ser usado en Misas en que participan diversos
grupos étnicos.
El
próximo domingo, La Liturgia de la Palabra: Parte uno, las lecturas
Instrucción
General del Misal Romano, Fiesta de la Sagrada Familia, 2003
Instrucción #5 al Pueblo de Dios del Obispo
John T. Steinbock, Diócesis de Fresno.
(La Liturgia de la Palabra consta de las lecturas de la Sagrada Escritura, el salmo responsorial, la homilía, la profesión de fe y la oración de los fieles)
#55:
“en las
lecturas, como se explica en la homilía, Dios habla a su pueblo, le descubre el
misterio de la redención y salvación y le ofrece el alimento espiritual. Cristo mismo está presente en medio de los
fieles a través de su palabra.”
#56: “La
Liturgia de la Palabra debe ser celebrada de tal manera que favorezca la
meditación, por eso se debe evitar toda forma de apresuramiento que impida el
recogimiento.” Es conveniente unos
breves espacios de silencio antes de la primera lectura, después de la primera
y segunda lectura y terminada la homilía.
#58 “No está permitido
cambiar las lecturas y el salmo responsorial que contienen la Palabra de Dios,
por otros textos no bíblicos.”
#59:
“Según la tradición, no es un oficio presidencial sino ministerial el
leer las lecturas. Por consiguiente,
las lecturas son proclamadas por un lector, y el Evangelio por un diácono o en
su ausencia por otro sacerdote distinto del celebrante o el mismo celebrante.”
#60: “La
lectura del Evangelio es la cumbre de la Liturgia de la Palabra.”
Como muestra de reverencia hacia las palabras
del Evangelio, los fieles lo escuchan de pie y hacen las señales de reverencia
dadas al libro de los Evangelios.
#61: El
Salmo Responsorial fomenta la meditación de la Palabra de Dios. “Es preferible que este salmo sea cantado,
por lo menos la respuesta del pueblo.”
“Canciones o himnos no deben ser usados en lugar del salmo responsorial.” Salmos, apropiados a la lectura, pueden ser
usados si han sido aprobados por los Obispos.
#62: Aclamación
después del Evangelio. El Aleluya
es cantado por todos mientras están de pie para recibir al Señor que va a
hablarnos través del Evangelio. “El verso es cantado por el coro o por el
cantor.” “El Aleluya es cantado
en todas las estaciones litúrgicas a excepción de la Cuaresma.” Durante la Cuaresma el verso en el
Leccionario puede ser cantado sin el Aleluya.
#63: “El
aleluya o verso antes del Evangelio puede ser omitido si no es cantado.”
Quiero hacer gran énfasis en que todos los
sacerdotes estén seguros que los lectores sean debidamente entrenados para
proclamar la Palabra de Dios. Deben
aprender a reflexionar en la Palabra que van a proclamar, enunciarla
correctamente, proclamar la Palabra con reverencia en lugar de simplemente
leerla, mantener contacto visual con la gente y usar correctamente el
micrófono. Esta es una gran
responsabilidad y bendición. Gracias a
todos los lectores de nuestras parroquias.
El próximo domingo, La Liturgia de la Palabra, Parte dos, La Homilía, Profesión de la Fe y la Oración de los Fieles.
Instrucción
General del Misal Romano, Fiesta de Epifanía, 2004
Instrucción
#6 al Pueblo de Dios del Obispo John T. Steinbock, Diócesis de Fresno.
La Liturgia de la Palabra, Parte II: La Homilía, la Profesión de la Fe y la Oración de los Fieles, Capítulo II, párrafo 65-71
La
Homilía
#65: “La homilía es una parte muy
recomendada de la Liturgia y es necesaria para alimentar la vida
cristiana. Debe consistir en algún
aspecto particular de las lecturas de la Sagrada Escritura o de otro texto del
Ordinario o de la Misa del día, teniendo presente el misterio que se celebra y
las necesidades particulares de los oyentes.”
#66: “La
homilía debe ser dada ordinariamente por el sacerdote. Él se la puede encomendar ocasionalmente a
un sacerdote concelebrante, o de acuerdo a las circunstancias al diácono pero
nunca a una persona laica.” Los
domingos y fiestas de precepto se debe proclamar la homilía en todas las Misas
que se celebran con la asistencia de la congregación.” “También se recomienda en los días feriados,
especialmente de Adviento, Cuaresma y tiempo Pascual, así como otros día festivos...Después
de la homilía se guardará un breve momento de silencio.
Recomiendo a todos los sacerdotes que
dediquen tiempo suficiente a la oración y reflexión de las Sagradas Lecturas
para preparar una homilía que realmente responda a las necesidades y
experiencias del pueblo de Dios confiado a su cuidado. Una de las primeras prioridades de cada
sacerdote es predicar la Palabra de Dios.
Gracias a todos nuestros sacerdotes que domingo tras domingo, día tras
día, alimentan al pueblo de Dios a través de su oración y el estudio de la
Palabra de Dios.
#67: El propósito del Credo es que
todo el pueblo reunido pueda dar su respuesta a la Palabra de Dios, recuerden y
confiesen los grandes misterios de la
fe antes de que estos misterios sean celebrados en la Eucaristía. #68: “El Credo debe ser cantado o recitado por el sacerdote junto
con el pueblo en los domingos y solemnidades.”
Puede ser cantado o recitado todos juntos o dividiendo la asamblea en
dos partes y tomando turnos.
#69: En la Oración de los Fieles u
Oración Universal, el pueblo, “ejerciendo su oficio sacerdotal, ofrece
oraciones a Dios por la salvación de todos.”
#70: El orden de estas
intenciones debe ser: a) por las necesidades de la Iglesia; b) por las
autoridades públicas y la salvación del mundo; c) por los oprimidos bajo
determinadas dificultades; d) por la comunidad local.” En
celebraciones particulares las intenciones pueden adaptarse de acuerdo a
la ocasión, como por ejemplo: Matrimonio, Confirmación. #71:
El sacerdote dirige las oraciones desde la sede. Las intenciones son anunciadas por el
diácono o el cantor, un lector o una persona laica.
Instrucción
General del Misal Romano, Bautismo del Señor, 2004
Instrucción
#7 al Pueblo de Dios del Obispo John T. Steinbock, Diócesis de Fresno.
Nuestra diócesis está siendo bendecida con la presencia de treinta Diáconos Permanentes, los cuales están desempeñando un papel más visible en la Liturgia. La visión para nuestros Diáconos Permanentes es que a través de la unidad de su triple ministerio de Servicio, Palabra y Sacramento, el diácono se convierte en un signo para todos en la comunidad cristiana de que todos estamos llamados a una vida de servicio, siendo alimentados por la Palabra y los Sacramento. Doy gracias a los muchos diáconos que están ejerciendo su ministerio en diferentes funciones de servicio en nuestra diócesis.
#172: En la entrada de procesión, el diácono precede al sacerdote en su
camino al altar, llevando el Libro de los Evangelios un poco elevado, o camina
al lado del sacerdote. #173: El diácono omite la reverencia
colocando el Libro de los Evangelios sobre el altar y juntamente con el
sacerdote venera el altar con un beso.
Si no lleva el Libro de los Evangelios, hace una profunda reverencia al
altar y junto con el sacerdote venera el altar con un beso.
La Liturgia de la Palabra
#175-177: El diácono ayuda al sacerdote si el incienso va a ser usado, hace una
reverencia profunda ante el sacerdote y le pide su bendición. Después va al altar, inclina la cabeza y
toma el Libro de los Evangelios y se dirige al ambón, llevando el libro un poco
elevado. Si el Obispo está presente, le
lleva el libro para besarlo o él mismo lo besa. Normalmente es el diácono quien anuncia las intenciones para la
Oración de los Fieles u Oración Universal.
La Liturgia de la Eucaristía
#178-180: El diácono prepara el altar y ayuda al sacerdote a recibir las ofrendas
del pueblo. Luego entrega al sacerdote
la patena con el pan que se va a consagrar, vierte el vino y unas gotas de agua
en el cáliz y presenta el cáliz al sacerdote.
Si se va a usar incienso, el
diácono ayuda al sacerdote y luego inciensa al sacerdote y al pueblo. En nuestra diócesis el diácono debe estar de
pie durante la Plegaria Eucarística, cerca pero un poco detrás del
sacerdote. En la doxología final de la
Plegaria Eucarística, el diácono sostiene
el cáliz elevado mientras el sacerdote eleva la patena con la hostia
hasta que el pueblo haya contestado Amen. #181-183: Una vez
que el sacerdote haya expresado su deseo de paz al pueblo, el diácono hace la
invitación para que todos intercambien un gesto de paz. “Después de la Comunión del sacerdote, el
diácono recibe la Comunión bajo las dos especies de manos del sacerdote, y
después ayuda al sacerdote al distribuir la Comunión. Si la Comunión es dada bajo las dos especies, el diácono ofrece
el cáliz a los comulgantes. El diácono
es responsable de purificar el cáliz y otros vasos sagrados.
Rito de Conclusión
#184-186: Si hay una bendición solemne, el diácono invita a la gente a inclinar
la cabeza para recibir la bendición.
Después de la bendición del sacerdote, el diácono se encarga de
despedir al pueblo, venera el altar con el sacerdote y ambos se retiran en el
mismo orden en que habían hecho la procesión de entrada..
El próximo domingo: Distribución de la Comunión en las dos especies
Instrucción
General del Misal Romano, 2nd Domingo Tiempo Ordinario, 2004
Instrucción
#8 al Pueblo de Dios del Obispo John T. Steinbock, Diócesis de Fresno.
Distribución de la Comunión Bajo las Dos
Especies,
Capítulo IV,
párrafo
281-284
#281: “La Sagrada Comunión tiene una forma mayor como signo cuando se
distribuye bajo las dos especies. #282: Nuestra fe nos enseña que Cristo, todo
y entero, es recibido incluso bajo una de las especies. #283: “El Obispo tiene la facultad de permitir la distribución de la Sagrada
Comunión bajo las dos especies cuando el sacerdote, actuando como pastor, lo
crea apropiado para la comunidad que le ha sido confiada, siempre que los
feligreses sean bien instruidos y siempre que no haya peligro de profanación
del Sacramento o que el rito resulte difícil debido al gran número de
participantes, o por cualquier otra razón.”
Las normas para la distribución y recepción de la Sagrada Comunión
bajo las dos especies en las Diócesis de los Estados Unidos de América deben
ser seguidas.
Estas normas fueron aprobadas por la Conferencia
Católica de Obispos el 14 de junio de 2001 y aprobadas por la Sagrada
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos el 22 de
marzo de 2002. El resto del artículo
explicará estas normas.
2: Es tomando y compartiendo el pan eucarístico
y el cáliz –“signos perceptibles a los sentidos” –que obedecemos el mandamiento
del Señor y crecemos en semejanza al Señor cuyo Cuerpo y Sangre significan y
contienen.” 4.
La Eucaristía es un banquete Sagrado, un sacramento de amor, un signo de
unidad, un vínculo de caridad en el que Cristo nos llama amigos. La Eucaristía continúa el sacrificio de
Cristo, ofrecido una vez y para siempre por nosotros y por nuestra salvación,
haciendo presente la victoria y el triunfo de la muerte y resurrección de
Cristo. Es fuerza para todos aquellos
que caminan en esta vida con la esperanza y el deseo de morar con Dios en la
vida eterna.”
26. Ministro Ordinario de la Sagrada Comunión son el Obispo, sacerdote y diáconos.
28. Ministros Extraordinarios de la Sagrada
Comunión. Cuando no haya presentes suficiente ministros
ordinarios de la Sagrada Comunión, el sacerdote puede llamar ministros
extraordinarios que le asistan. Ellos
“deben recibir suficiente preparación espiritual, teológica y práctica para llevar
a cabo su papel con conocimiento y reverencia.” 29. “Todos los
ministros de las Sagrada Comunión deben mostrar la mayor reverencia posible
hacia la Sagrada Eucaristía con su conducta, su forma de vestir, y la manera
como tratan el pan y el vino consagrados.”
37.
Los cálices y copones vacíos son llevados al altar después de la
fracción del pan. El diácono o
sacerdote llena los copones, y vierte la Sangre Preciosa en los
cálices.
38. El sacerdote o diácono distribuye la Comunión a los ministros extraordinarios
y les entrega los vasos sagrados para la distribución de la Comunión a la
gente. 52.
Los ministros extraordinarios pueden ayudar a consumir la Sangre
Preciosa que puede sobrar. (El indulto
ha sido recibido por el Obispo para permitir al sacerdote celebrante recibir
asistencia cuando fuere necesaria, incluso para que los ministros
extraordinarios puedan limpiar los vasos sagrados una vez terminada la
distribución de la Comunión.)
El próximo domingo: E Padrenuestro y la Señal de la paz
Instrucción General del Misal Romano, 3er Domingo del Tiempo Ordinario, 2004
Instrucción
#9 al Pueblo de Dios del Obispo John T. Steinbock, Diócesis de Fresno.
El Padrenuestro, Capítulo II, párrafo 81 &
152
#81: “En el Padrenuestro se pide por el pan
cotidiano, que para los cristianos evoca principalmente el Pan Eucarístico y se
implora la purificación de los pecados, de modo que, lo que es santo sea dado a
los que son santos. El sacerdote invita
a orar y todos los fieles repiten la oración con él.” La oración y la doxología pueden ser cantadas o dichas en voz alta.
Nada es mencionado referente a tomarse las
manos durante el Padrenuestro, algo que en muchas parroquias se ha hecho
costumbre. Como Obispo ciertamente
permitiré que esta costumbre continúe pero con algunas observaciones. El sacerdote debe tener las manos extendidas
durante la Plegaria Eucarística (#152) El sacerdote o ministros en el altar no deben tomarse de la mano
durante el Padrenuestro. Aún cuando
esta costumbre sea prevalente, el pueblo debe elegir si desean tomarse de la
mano o no, ya que este signo no está incluido en las normas litúrgicas. Los ministros de hospitalidad no deben ir a
los pasillos para tomar las manos de las personas de ambos lados de la Iglesia
La
Señal de Paz, Capítulo
II, párrafo 82 & 154
#82: En el Rito de la Paz “La Iglesia
pide por la paz y unidad para sí misma y para toda la familia humana, y los
fieles expresan su comunión y la caridad mutua antes de comulgar en el
Sacramento.” En lo que se refiere al
signo de paz, éste debe ser dado en las formas establecidas por la Conferencia
de Obispos y de acuerdo a las costumbres y cultura del pueblo. Es apropiado, de todas maneras, que cada
persona ofrezca el signo de paz de forma no exagerada y a las personas más
cercanas.
“
#154: “El sacerdote puede dar el signo de paz a los ministros pero siempre
debe permanecer dentro del santuario para no interrumpir la celebración. En las diócesis de los Estados Unidos de
América, por una buena razón en ocasiones especiales (por ejemplo en el caso de
un funeral, boda o cuando líderes civiles están presentes), el sacerdote puede
ofrecer el signo de paz a algunos de los fieles más cercanos al santuario. Todos deben ofrecer el uno al otro un signo
que exprese paz, comunión y caridad.
Mientras el signo de paz es dado, uno puede decir, que La Paz del
Señor esté siempre con usted, al cual se responde Amen.”
Al tiempo del signo de la paz debemos voltear hacia
a los que están cerca de nosotros y saludarlos con un apretón de mano o abrazo,
de acuerdo a las costumbres locales y a los grupos étnicos en particular. Este no es tiempo para socializar, es un
tiempo para un simple gesto de respeto y amor.
En la celebración dominical normal, el pueblo no debe dejar su banca o
el ministro el santuario para saludar. Lo que es importante es que este gesto
sea un auténtico signo de nuestro amor de unos hacia otros.
Este es mi artículo final en lo que se refiere a las nuevas normas. Que Dios los bendiga a todos. Obispo John.
CL2003:126b