Pastoral del Obispo

Obispo John T. Steinbock, Marzo 2010

 

Nuestra lucha contra el pecado

 

Mi querido pueblo de Dios,

 

Nos encontramos en medio de la cuaresma—un tiempo especial para la oración,  penitencia, y obras de caridad.  Nuestros pensamientos tienen una inclinación hacia el pecado, la razón que llevó a Jesús al sufrimiento y a la muerte en la cruz.  Durante la cuaresma buscamos vencer las cosas que están en nosotros y alrededor de nosotros que nos impiden vivir la vida que Dios nos llama a vivir, y la gracia que nos fortalece para vivir más como Cristo.

 

El ciclo del pecado continúa sin parar en nuestra vida personal así como también en nuestro al rededor.  Jesús vino para darnos la habilidad de romper ese ciclo, para liberarnos de ser dominados por el orgullo, el egoísmo y la avaricia.  Esta liberación del pecado puede ser difícil, no solo por razones personales sino también por razones sociales.  El pecado afecta no solo nuestras relaciones personales sino que puede infectar las estructuras económicas, sociales, legales y gubernamentales.  Por esa razón, la sociedad puede ser el medio a través del cual el mal influye en nuestras vidas; si las estructuras sociales no están basadas en un entendimiento de la naturaleza verdadera del hombre y la mujer como creación de Dios ni sobre lo sagrado de la vida y la dignidad de todo hombre y mujer.

 

Si las estructuras infectadas por el pecado dentro de la sociedad son aceptadas como  norma, la conciencia de la nación se puede desensibilizar y llevar a la gente primero a perder la sensibilidad de un mal particular, para después aceptar el mal como bien y luego condenar a cualquiera quien condone el mal quien se oponga a la norma aceptada.  El mal es aceptado como bien, y el bien como mal.  ¿De otra manera cómo podríamos destruir la vida dentro del vientre y llamarlo “pro elección” o “derechos reproductivos?”  ¿Cómo podemos tomar la vida del anciano vulnerable y llamarlo “muerte con dignidad?”

 

El pecado es una ofensa contra Dios quien nos ama tanto y quien envió a su hijo divino para perdonar nuestros pecados.  El pecado trae sufrimiento a nuestras vidas y a las vidas de otros, sin importar cuan buenas son.

 

Durante esta Cuaresma estamos llamados a combatir la inclinación hacia el pecado en nuestras vidas.  Dios también nos llama a traer la justicia, el amor y la verdad de Jesús a las actitudes y las leyes de nuestra sociedad, y a combatir el mal que se encuentra en las estructuras de la sociedad.  Cada cristiano bautizado y confirmado está llamado a compartir con Jesús su misión para ayudarnos a liberarnos del pecado.  El fin de semana del 17 y 18 de abril, tendremos el Domingo de la Vida y Dignidad en todas nuestras parroquias.  Se le informará más sobre esto—donde se les pedirá inscribirse para la “Red Legislativa Católica.”   Animo a todos con acceso al Internet a que se inscriban.  Con la información que usted recibirá por la Red usted se enterará de los asuntos morales en nuestro gobierno, lo que la iglesia enseña sobre esos asuntos, y aprenderá como puede hacer la diferencia.  Si trabajamos juntos, podemos hacer una diferencia en nuestra sociedad.  Dios los bendiga mucho.  + + +