Indocumentado en nuestro medio
Mensaje
Pastoral del Obispo
Junio
2006
Mis
queridos hermanos en Dios,
Las pocas cartas que he recibido hablando en
contra de las enseñanza de la Iglesia y el punto de vista de la Iglesia para
una reforma de inmigración comprensiva, principalmente imita el lenguaje
sencillo de muchos locutores de radio y televisión, y un número de políticos
que repetidamente dicen que todos los que están aquí ilegalmente son criminales
e infractores de la ley, y que no deberían ser recompensados por quebrantar la
ley regulando su presencia aquí en los Estados Unidos.
Quiero enfatizar que la mayoría de
indocumentados que están en este país son gente honesta y trabajadora que han
venido aquí para mejorar sus vidas y las de sus familias. No debemos perder la perspectiva de que
ellos son nuestros hermanos y hermanas en Cristo, y que de la manera que
hablamos de ellos y los tratamos, es la misma manera que hablamos y tratamos a
nuestro Señor Jesucristo. “Todo lo que
hiciste por alguno de los más pequeños de mis hermanos lo hiciste por mí.”
La ley de inmigración, la cual ellos han
quebrantado, es una ley anticuada y no es práctica; simplemente no
funciona. El problema de inmigración es
mucho más complicado de lo que es presentado por muchos locutores de radio y
televisión, y por muchos de nuestros políticos.
Antes de condenar a una clase entera de gente
buena, trabajadora y honesta en nuestro medio, refiriéndo a ellos como
criminales e infractores de la ley, debemos reflexionar un poco en algunos que
son clasificados como criminales e infractores de la ley por otros en la
historia, especialmente en la historia de nuestro país. En la historia de la Iglesia los mártires
cristianos fueron ejecutados porque desobedecieron la ley de los emperadores romanos. Fueron considerados como criminales e
infractores de la ley. Todos los
fundadores de nuestro país fueron considerados criminales e infractores de la
ley en contra del reino de Inglaterra, porque ellos creían en los derechos
otorgados por Dios. Los que corrieron
el ferrocarril clandestino durante la esclavitud fueron criminales e
infractores de la ley. Esos que
participaron en muchas marchas y tomaban parte en el movimiento de los derechos
humanos en nuestro país fueron criminales e infractores de la ley. Son esos criminales e infractores de la ley
quienes creyeron en la ley de Dios los que han hecho de nuestro país un gran
país. También debo agregar que una de
las grandes acusaciones en contra de Jesucristo cuando El estuvo en este mundo
es que fue acusado como un infractor de la ley y le criticaron por socializarse
con pecadores que también fueron considerados como infractores de la ley.
Jesús nos habla de una ley más alta y la
Iglesia continua hablando de esta ley la cual viene a nosotros de Dios. Hay una gran diferencia entre la ley humana
y la ley de Dios. Los derechos humanos
básicos otorgados por Dios toman precedencia sobre las leyes humanas
anticuadas, imprácticas e injustas. Uno
no puede justamente condenar a una persona que quebranta la ley injusta e
impráctica, la cual puede evitar a esa persona para sostener a su familia, y
quien está viviendo una vida moralmente buena en nuestro país. Como importante que es una ley, a menudo ha
sido usada en la historia del mundo y en la historia de nuestro país para
abusar de los derechos de los demás para el beneficio y provecho de algunos, no
siempre para proteger y traer justicia a todos.
En lugar de condenar a gente trabajadora con fe en y amor por Dios, como criminales, deberíamos buscar corregir las leyes injustas e impráctica las cuales son responsables por la situación en la que nos encontramos. Es la ley de Dios y los derechos humanos que vienen de Dios los que deberían ser la base y piedra angular para leyes más justas y humanas. Yo les pido a todos ustedes, gente de Dios, que recen con frecuencia durante estos días de gran polarización en nuestro país, para que nuestros legisladores vean la sabiduría, justicia y amor de Dios para guiarlos en sus decisiones. ¡Que Dios continúe bendiciéndolos y guiándolos a todos ustedes!