Olimpiadas Juveniles

 

Octubre 16, 2005

Obispo John T. Steinbock

 

Los Fariseos tratan de comprometer a Nuestro Señor con la pregunta: “¿Es ilícito pagar impuesto al Cesar o no?”  Si Nuestro Señor dice que sí, pueden reportarlo a los Romanos.  Si Nuestro Señor dice que no, pueden decir que está enseñando contra la ley de Moisés.  Nuestro Señor aprovecha la ocasión para enseñarles lo esencial en nuestra relación con Dios.  Responde diciendo después de mostrarles el denario con la estampa de Cesar:  “pagadle a Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios.”  ¿Y que es de dios en nuestras vidas?

 

¡Todo!  Nuestras vidas a sí mismas pertenecen a Dios, y todo en nuestras vidas pertenecen a Dios.  Es Dios que nos creó.  Nuestra misma existencia es don de Dios.  Todo en esta vida es don de Dios. 

 

        Este día tan bonito pertenece a Dios como todo en este mundo y en toda la creación.          Todo lo que poseemos en este mundo realmente pertenece a Dios, y todas nuestras habilidades y talentos pertenecen a Dios.  Todo en este mundo y todo en nuestras vidas es don de Dios.  

 

Dios nos da todo de su gran amor.  Él mandó su único Hijo a este mundo de su gran amor.  Nuestro Señor murió en la cruz a causa de su gran amor por nosotros.  Y nos bendice con su amor, no solamente porque nos ama, pero también para que nosotros testifiquemos su amor por nuestras vidas.  Esto es lo que es glorificar a Dios, y viviendo para que Dios viva en nuestras vidas.  Viviendo como servidores de Dios, manifestando su amor, su compasión, sus valores, y no viviendo en este mundo con egoísmo y usando otros para nuestro beneficio.

 

Este día y estas olimpiadas son un don de Dios también.  La amistad, la alegría, la competición amistosa, todo es don de Dios.  Nuestro Padre Juan Pablo II muchas veces habló de la importancia de deportes en las vidas de los jóvenes.   Participando en deportes desarrollan valores importantes en nuestras vidas como lealtad, perseverancia, amistad, participando, y un sentido de comunidad con otros, y nos ayuda en nuestras relaciones fraternas y sociales.  Y sobretodo, los deportes nos dan el sentido de alegría, que es una parte importante dando testimonio al amor de Dios en nuestras vidas.  La alegría es el eco del amor de Dios dentro de nosotros.  Este don de Dios, de los deportes, y este día de las olimpiadas, nos pide ser misioneros y testigos del amor y la alegría que sólo Dios puede traernos.  Yo pido a todos ustedes jóvenes que sean misioneros especialmente con los de su edad en sus parroquias y comunidades.  Siempre inviten a sus amigos a Cristo.

 

Estamos al fin del Año Eucarístico.  El mismo Cristo que caminó en esta tierra, y que murió en la cruz, es el mismo Cristo que recibimos en la Santa Eucaristía.  Cristo esta con nosotros, especialmente por su presencia Eucarística.  Y Cristo en la Eucaristía, nos invita a vivir nuestras vidas dando gracias a Dios por su gran amor, y vidas de servicio a los demás, especialmente a los que no conocen el amor, alegría, y la plenitud de la vida, que sólo Cristo puede traernos.  Que tengan un día muy bonito dentro de la competición amistosa, reflexionado como ustedes son embajadores y misioneros de Cristo dando su juventud a Cristo, nuestro amigo, nuestro Salvador, nuestro Dios.