2 de
abril del 2005
Mi
Querido Pueblo de Dios,
Con profunda tristeza comparto con ustedes
el fallecimiento del Santo Padre, Juan Pablo II, el día 2 de abril del 2005.
Siguiendo la tradición de la Iglesia,
estoy anunciando un período de luto por nueve días. Durante este tiempo de luto, les ruego que mantengan presente al
Santo Padre en sus oraciones. Una
manera de orar es de rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria
por las intenciones del Santo Padre.
Otro modo es rezar el rosario, bien sea privadamente (como familia) o en
grupo, ya que el Santo Padre era muy devoto al Rosario.
Diversas parroquias de la Diócesis
llevarán a cabo una serie de Misas y eventos durante este período de luto. El día que falleció el Santo Padre, se
celebró una Oración Nocturna en la Catedral de San Juan en Fresno. Las Misas Memoriales se celebrarán en las
diversas parroquias de acuerdo con el horario que determine el pastor o el
administrador. Una Misa diocesana se
celebrará el día 9 de abril del 2005, a las 6:30 p.m., en la Iglesia de San
Antonio de Padua en Fresno. Por favor
consulten a la oficina de su parroquia para más información de los datos
específicos de fechas y horarios de las liturgias en su área, y para una lista
de oraciones sugeridas.
Tomaría todo un volumen en resumir las
contribuciones positivas del Santo Padre durante su pontificado. No hace falta decir que su muerte ha sido
una profunda pérdida para la comunidad del mundo entero, como también para la
comunidad Católica. El Santo Padre fue
una voz fuerte en favor del pobre y del vulnerable. Él dio un gran impulso y nueva energía a la pastoral
juvenil. Él fue un gran defensor de la
vida en todas sus etapas. Mantuvo la
santidad del matrimonio y vida en la familia.
El Santo Padre fue un modelo de piedad y fuerza espiritual afrontando
sus propias dificultades personales.
Sus palabras fueron una exhortación elocuente de cómo vivir el mensaje
Cristiano; su silencio dentro del sufrimiento físico fue un testimonio heroico
de que cada momento de la vida tiene sentido y valor.
El Santo Padre fue un gran líder
espiritual y un gran líder político que viajó incansablemente para extender el
mensaje del Evangelio. Él disminuyó las
tensiones entre Judíos, Musulmanes y comunidades Ortodoxas. Gracias a él, muros de la indeferencia,
alienación, y división fueron derrumbados.
El mundo nunca será el mismo.
“¡No temas!” Con esas palabras, Juan Pablo II comenzó su papado en Octubre de
1978. Nuestra naturaleza humana
reacciona frecuentemente con miedo y ansiedad ante un cambio significativo en
la vida. Y es normal a la naturaleza
humana sufrir la pérdida de un ser querido, como nuestro Señor lo hizo ante la
muerte de su amigo Lázaro.
Confortémonos unos a otros con las palabras del Evangelio con las que
Juan Pablo II inició su magnífico pontificado.
Recemos para que el Señor Resucitado acoja en su mansión a su buen y
fiel siervo, Juan Pablo II.
En
Cristo, nuestro Señor,
Reverendísimo
John T. Steinbock
Obispo, Diócesis de Fresno